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Rashel Diaz / Blog  / La oración es parte de mi día a día y la de mi familia

La oración es parte de mi día a día y la de mi familia

La oración ha llenado mi vida de una felicidad que antes no notaba. Cada mañana al abrir los ojos, lo primero que hago es poner todo en manos del Señor, decretar que hoy va a ser un día excelente guiado por Él y que todo va a ser positivo.

De eso se trata la oración para mí, de confiar en que el Señor tiene cada movimiento planeado y aceptar su voluntad con devoción. Sé que cualquier pensamiento o energía negativa va a ser transformada en algo alentador, con mucha esperanza.

Siempre voy escuchando prédicas de camino al trabajo, y al terminar, le entrego mi día. No tengo una oración determinada, no hago la misma oración todos los días. Pero siempre le hablo, le pido y le doy gracias por las bendiciones que puso en mi camino. Está presente en cada paso que doy.

Un hábito familiar

No hay noche en la que no oremos todos juntos en mi casa. Antes de dormir, mi esposo Carlos, mi hija Daniela y yo, nos arrodillamos y alzamos nuestras plegarias a su nombre. Cuando están Maddie y Juan Daniel también lo hacemos. Sin falta.

Sí, nos arrodillamos, no lo hacemos sentados. Esa es nuestra manera de rendirnos ante el Señor y en nuestras palabras sólo hay amor.

Y así cada noche, cada uno dirige la oración. Un día Carlos, otro yo, después mi Dani y así vamos para que todos puedan orar por lo que desea. Claro, antes de empezar preguntamos a los demás por qué desean hacerlo, a quién quieren incluir en sus peticiones.

A lo mejor algún amigo o familiar está pasando por un momento difícil, o alguno de nosotros lleva una preocupación y esta es nuestra forma de ayudarnos y, como les dije al principio, poner todo en sus manos.

Esta es hoy mi oración

Señor, gracias por este día, gracias por entregarnos lo mejor y guiarnos en cada una de nuestras acciones.

Ayúdanos a mantenernos unidos, a ser luz en la tinieblas de otros. Ayúdanos a reflejar tu semejanza y a continuar cera de tu palabra.

Protege a toda mi familia, protege a nuestros hijos de cualquier tentación Señor. Llévanos de tu mano.

Gracias por abrir nuestro corazón a respetarnos y amarnos los unos a los otros, a expresar palabras que edifiquen, no que destruyan.

Gracias por transformar nuestra vida. Continúa haciéndolo Señor. Que persigamos de cerca el propósito que tienes para nuestra vida.

 Ponemos nuestro corazón en tus manos para que vayas moldeándolo como el barro, a tu forma.

Que seamos oídos, que podamos sentir y ver cada uno de tus mensajes sin mirar quién es el mensajero.

Ayúdanos a identificar el mensaje que viene del enemigo y negarlo delante de nosotros y en nuestra vida.

Protege nuestra casa, nuestro hogar, cuida a cada una de las personas de nuestra familia.

Ayúdanos a llevar una voz a quienes no te conocen, una palabra, una frase, una muestra con nuestro testimonio para que ellos abran su corazón a ti, a tu amor puro e incondicional

En el nombre tuyo y de tu hijo, oramos.

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