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El importante propósito que Dios le entregó a la mujer

Cuando Dios creó el mundo, el hombre representó a su imagen, pero la mujer fue el reflejo de sus emociones. Nos trajo a la vida con un único propósito: ser auxiliadoras, llevar calma y armonía a nuestro al rededor.

Las mujeres hemos pasado por grandes momentos a lo largo de la historia, pero siempre hemos demostrado, frente a cualquier adversidad, que somos capaces de lograr todo lo que nos propongamos. No somos el género débil, sino el sensible.

Representamos el orden, la astucia, la mano amiga, el consuelo y la disciplina del hogar. La mujer es la de las palabras justas, el pegamento que mantiene las piezas de la familia unidas y en constante movimiento.

Una creación divina

El Señor nos creó de la costilla del hombre, del órgano que protege su corazón. Por eso, nuestra tarea es proteger la vida misma. Ser el sostén de todo el cuerpo.

Somos parte de su costado, para estar a su lado, muy cerca de su corazón. No debajo o arriba. Todo lo que Adán no podía ver de Dios, Él lo puso en la mujer. La pureza, la protección, las bendiciones.

Tenemos una fuerza que va más allá de la del hombre, que maravilla a la vida misma. Somos capaces de soportar el mundo entero en nuestra espalda, aguantar los peores dolores, seguir adelante a pesar de todo y con todo eso, seguimos llenas felicidad, sensibilidad, bondad y amor.

Mi aprendizaje

En la iglesia a la que asisto, hay varios grupos comunitarios y uno de ellos es de mujeres. Algo que me quedó muy grabado es que las mujeres estamos aquí para edificar y construir en el hogar, nunca destruir. Somos el engranaje principal que une todo en la familia.

El Señor nos hizo líderes de nacimiento y tal responsabilidad conlleva un gran compromiso. Por eso, debemos procurar influir siempre de forma positiva en nuestro núcleo cercano y en todo el que esté cerca de nosotras en realidad.

¿Nuestro defecto? ¡Olvidamos lo poderosas que somos! Que somos una bendición de Dios en el mundo, que todos estamos aquí para auxiliar, proteger y guiar por el buen camino.

Nunca te subestimes, el Señor te dio más de lo que crees y no te dejará a tu suerte. Ama cada mañana como si no hubiera otra. Pase lo que pase, no olvides lo importante que eres, para Él y el resto de nosotras.

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