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Cada hogar es distinto: la disciplina nos define como familia

En mi casa, con mis hijos, siempre he sido una mamá presente. Me he dedicado a educarlos y enseñarles valores y reglas, que como a todo adolescente, a veces no les gustan. Sin embargo, establecer límites y mantener la disciplina como familia es necesario.

Todos de pequeños sufríamos cuando los adultos nos decían que no, nos regañaban o castigaban. Ahora que tengo hijos, entiendo todo lo que mis padres hicieron durante mi infancia. Son esas enseñanzas las que me formaron y me hicieron la persona que ustedes ven.

Sobre todo cuando los niños son pequeños, establecer límites es algo necesario. El proceso de plantearlos, explicarlos, y que ellos lo comprendan puede resultar extenuante. Sin embargo, mientras más temprano se comience, más rápido aprenderán.

No hay dos iguales

Cada hogar es diferente y por lo tanto, varían dependiendo de los padres. Lo que puede ser importante para uno puede no serlo para otro y eso está bien.

La familia es el núcleo de la sociedad. A pesar de que los colegios y las instituciones educativas son importantes durante el crecimiento de nuestros hijos porque les enseñan académicamente, es en el centro familiar donde aprenden a ser personas, no profesionales.

Y para mí, eso es lo más importante, que mis hijos salgan al mundo como gente de bien para hacer el bien. De nada sirven los títulos si no tenemos una actitud hacia la vida que nos impulse a ser mejores y a hacer de nuestro mundo un mejor lugar.

Por etapas

Cuando eran pequeños, lo que más me importaba era la seguridad de Juan Daniel y Daniela. Seguramente en su hogar también las primeras reglas eran para mantenerlos a ellos a salvo. «No toques, no te montes ahí, cuidado con eso» son algunas de las frases que repetía 30 veces al día hahaha.

A medida que crecen, la disciplina empiezan a enfocarse en valores como el respeto a los mayores, las normas de cortesía, la importancia de cumplir con sus tareas, la importancia de ser honrado, sincero y el daño que pueden causar sus palabras y acciones en otros.

Pero cuando son adolescentes, la cosa se nos complica hahaha. Es la etapa en la que comienzan a formar su pensamiento y dudan todo lo que les decimos. Aquí dejamos de ser sus superhéroes y nos convertimos en los adultos malos que nos los dejan hacer nada, ¿te sientes identificadas?

«Mi casa, mis reglas»

Todas las madres decimos esto en algún momento. En mi caso, soy muy estricta con cuestiones del día a día. Se come en familia, en la noche se sueltan los celulares, las tareas se cumplen antes de salir de casa, todos colaboran con el hogar y no se utilizan malas palabras.

Todos los «límites» de nuestra casa tienen que ver con la disciplina, no con atarlos o cambiar su forma de ser. Tanto mi esposo Carlos como yo entendemos que ellos deben ser libres y que cada uno es diferente al otro.

Por supuesto nos preocupamos por ellos, su vida y las personas con las que se involucran. Es nuestro deber guiarlos para que no se hagan daño. Sin embargo, les prohibimos en ese sentido más allá de fiestas que no nos parecían y actitudes y acciones que no están bien. Pero para evitar problemas, hablamos muchísimo con ellos. 

Un gran reto al que nos enfrentamos como familia ensamblada es el hecho de que cada uno de nuestros hijos tiene otra casa en la que deben cumplir otras reglas. Por eso es tan importante mantener la comunicación con nuestras ex parejas para unificar criterios y así no confundirlos. La disciplina en una casa, será la misma en la otra.

Sólo lo más importante

Como familia, es necesario pensar en lo más importante para cada uno. Hablar en conjunto de las cosas que más se valoran y las creencias respetadas. En lo personal, creo que no deben aplicarse demasiadas reglas, sólo las más necesarias o las que creamos indispensables y que no son negociables. 

Si un joven siente que tiene demasiadas limitaciones crearemos el efecto contrario. No es que hará más caso o será más recto. Corremos el riesgo de que todo eso que le prohibimos lo haga a escondidas por curiosidad o sólo retar nuestra autoridad.

Si hay demasiadas reglas no serán respetadas y algunas veces, hasta pueden sentirse confundidos sobre cuales son las verdaderas normas que deben seguir. Mientras más claras y sencillas, más fácil será para ellos respetarlas.

Y por último, nada mejor para enseñarles a nuestros hijos que con el ejemplo. Los jóvenes son muy astutos y se dan cuenta cuando no cumplimos con lo que decimos. Bríndales mucha confianza para hablar y déjalos ser libres. Dales las herramientas para salir al mundo y acompáñalos en el camino.

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