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En mi casa cambiamos las prohibiciones por las decisiones

Estoy segura de que a ninguno de nosotros nos entregaron a nuestros hijos con un libro de instrucciones debajo del brazo. Cuando nos convertimos en padres, nadie nos dice “mira, aquí están los pasos que debes seguir”. No existe una guía para ser un excelente papá o mamá y asegurarte que todo saldrá maravilloso.

Nosotros, al igual que nuestros hijos, vamos aprendiendo con las experiencias. A mi me tocó entender que no todos los hijos son iguales.  Juan Daniel no es igual a Daniela y no es lo mismo el varón a la hembra, a pesar de que los críes en el mismo hogar con la misma disciplina.

Soy una madre estricta

Reconozco que soy una mamá que en casa exige disciplina, pero siempre he basado la relación con mis hijos en la comunicación. Sin embargo, cuando he tenido que poner reglas y decir que no, ha sido no y lo he respetado. Una vez que tengo mi decisión, la mantengo, no hay vuelta atrás.

Siempre mi tendencia ha sido a disciplinar, pero creo que prohibirles las cosas no es el mejor método de enseñanza.

Soy más de conversar con mis hijos, mostrarles cómo se analiza una situación antes de tomar una decisión. Qué te lleva a hacer eso, qué te impulsa, por qué lo quieres hacer.

Siempre les comento esto: si tu sientes que te tienes que esconder para hacer algo es porque tu sabes que eso no está bien, entonces cuando sea así, duda de hacerlo y replantétalo. Esa es una de las cosas que siempre les recalco.

No me dejo llevar en el momento

Yo antes era muy impulsiva y aprendí que eso no me dirige a decisiones sabias. Lo que aprendí a hacer, hace muchos años con ayuda profesional, es que a cuando yo no estaba de acuerdo o estaba muy brava por algo que hicieron los niños, les decía “no voy a hablar ahora, no voy a tomar mi decisión final, voy a esperar”.

Entonces me tomaba mi tiempo. Hasta que yo no me sentía lista, estaba más calmada y pensaba más lógica que impulsivamente, no me sentaba  conversar con ellos.

Por ejemplo, hoy en día con Juan Daniel es más difícil aún porque ya es adulto. Empieza a tomar sus decisiones creyendo que todas se las sabe, como lo hicimos todos nosotros en algún momento.

Pero lo que me toca es seguir hablando con mi hijo hasta el cansancio. No podemos dejar de comunicarnos y es algo que mi mamá siempre me dice “hija no te canses, sigue hablándoles”. 

Sé que vale la pena

En oportunidades los he escuchado hablar con sus amigos y he visto que repiten cosas que yo les he dicho. Eso significa que algo les ha quedado y por eso no paro de sentarme a conversar por horas, todo lo que sea necesario, y también escucharlos muchísimo.

Aunque a veces parezca que lo único que hacen es llevarnos la contraria, te aseguro que sí escuchan, sí entienden, sí nos toman en cuenta. Lo que pasa es que para ellos es difícil reconocer que lo han aprendido de los padres, cosa que también nos costó a nosotros hahaha.

Todos pasamos por esa etapa de “nada de lo que tu me digas lo voy a hacer ni es lo correcto”. En la adolescencia prefieren escuchar a los amigos o a otras personas, pero no a ti, sin embargo, no podemos cansarnos.

En conclusión, sí creo en a disciplina y en las exigencias, pero también creo que como padres, nuestra labor debe ser entrenarlos, ayudarlos a que ellos mismos puedan tomar decisiones sabías y correctas y que todo en la vida tiene consecuencias. Que cuando cometan errores, deben asumirlos con valentía, tranquilidad y aplomo porque es lo que los hará aprender.

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