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El flamenco me demostró que es posible vivir de los sueños

Desde muy pequeña tengo una pasión que ni siquiera sé de donde viene. A los seis años lo descubrí en la TV, y desde ahí me aferré a mi sueño y no lo he soltado jamás. Me dio amistades hermosas y oportunidades inimaginables. Hoy en su día, quise contar mi historia con mi gran amor: el flamenco.

Recuerdo que un día viendo la televisión en Cuba, apareció una bailaora y empecé a mover las manos tratando de imitarla. En ese momento le dije a mi mamá que yo quería bailar así. Gracias a Dios ella y mi abuela me hicieron caso y averiguaron para llevarme a clases. Empecé a ir a una escuela de danza muy popular, eran muy comunes allá en Cuba y se llamaban sociedades.

Hasta el día de hoy, es algo que me llega al corazón, me hierve la sangre, mueve todos los sentimientos en mí y nunca he podido explicarlo. Es algo único, significa todo para mí. Me ha acompañado toda mi vida y de hecho es lo que me abre la puerta a la TV, al mundo en el que estoy profesionalmente.

Materializando sueños

Siempre quise convertirme en profesional de la danza y tuve la bendición de lograrlo siendo muy joven. La escuela a la que yo pertenecía,  Concepción Arenal, es llamada por el Ballet Nacional de Cuba para formar la Compañía Profesional de Flamenco. Además, le permitían que las primeras ocho bailarinas fueran de su escuela.

Nuestra profesora estaba muy contenta porque le estaban dando la oportunidad a ocho chicas de dedicarse a su pasión profesionalmente, trabajando y viviendo de eso. ¡Yo era la más jovencita de todas y no se imaginan mi ilusión! Apenas tenía 16 años y a pesar del temor que me daba no quedar, me seleccionó.

Bailaba desde las nueve de la mañana en el teatro García Lorca, ahí trabajábamos, y salía a las seis o siete de la noche todos los días. Tuve la oportunidad de ir de gira y a partir de ahí es que empecé a vivir mi sueño.

Tener que dejarlo fue muy duro

Yo viajé a España, México Nicaragua, Costa Rica, y otros lugares más con la compañía, pero llegó un momento en el que empezaron a cerrar los viajes que hacíamos, porque muchos de los bailarines se quedaban. De hecho, el último viaje que hicimos a España fuimos 30 y regresamos sólo ocho.

La compañía se desintegró y debieron volver a armarla. Ahí es cuando mi mamá y yo decidimos salir de Cuba. Ya no teníamos oportunidades y la cosa se estaba poniendo complicada y teníamos la posibilidad de hacerlo. Para mi yo estaba viviendo mi realización profesional y me sentía contra la espada y la pared porque de un lado tenía el fruto de mi esfuerzo y por el otro que ya no veía un futuro ahí.

Recuerdo el último show que hice bailando. Me entregaron flores, ya todo el mundo sabía que yo me iba del país y fue muy difícil. Todos lloramos en el escenario, fue un despedida hermosa y me costó despegarme.

De mis mejores recuerdos

Tengo tantas anécdotas de esa época sobre las tablas. Una vez que empezamos a trabajar profesionalmente, mis compañeros se convirtieron en mi familia. ¡Pasábamos demasiado tiempo juntos!

Recuerdo cuando fuimos a hacer el espectáculo en España, vivimos allá seis meses. Hello! Estábamos en la tierra donde nació el  flamenco hahahaha. Y aunque la base era esa, el show hacía un recorrido por la danza, incluso algunos bailes cubanos.

Pues en el tiempo que estuvimos allá nos ocurrió de todo. Nos caíamos en el escenario, se nos olvidaba la canción o el baile, un desastre hahaha. Un día casi saliendo al escenario, el traje de una de mis mejores amigas, Adalina, se quedó prendido al mio.

El caso es que no pude seguir la coreografía. A cada lado que iba ella, yo iba atrás y tenía que hacer los mismos movimientos que Adalina hasta que terminó la canción hahaha. Sudé más en ese momento que en todo el espectáculo hahaha.

Mi mejor relevo

Una pasión te acompaña toda la vida, es imposible sacar algo que forma parte de tu esencia y por eso cuando llegué a Estados Unidos busqué la forma de seguir bailando flamenco. Después de varios años allá, tuve la oportunidad de montar una academia de danza, aunque dábamos de todo hahaha. Teníamos flamenco, modelaje y canto, que lo daba el papá de mi hija Daniela.

La primera vez que ella me dijo que quería bailar flamenco tenía ¡tres añitos! Claro, Dani nació rodeada de música y baile, pero yo no podía creer que ella lo tuviera tan decidido, era muy chiquita. Y más aun me impresionaba la coordinación que tenía a esa edad.

Me siento tan feliz de ver el amor que ella tiene por el flamenco. A Daniela cualquier otro baile se lo pueden quitar, pero este jamás. Forma parte de su vida desde muy pequeña y lo ha continuado. Me da mucho orgullo al ver la pasión con la que habla de él y como se prepara, quiere seguir aprendiendo.

A mí se me salen las lágrimas de verla bailar, se me hincha el corazón. La primera vez que bailamos juntas, al terminar, la abracé y no podía dejar de llorar de la emoción. Es muy lindo compartir tu pasión con uno de tus tesoros, con mi hija.

Yo nunca voy a dejar de bailar

Como les contaba, es imposible decir adiós. Eso forma parte de mi vida y aunque ya no tengo la academia, si continúa con una de mis mejores amigas. De hecho mi hija baila ahí, y cuando hacen coreografías madre e hija me cuelo y bailo también hahaha.

Decir que quiero volver a manejar una academia no sé, quien quita que más adelante ocurra. Lo que sí me encantaría es volver a retomar las clases, no darlas. Hace mucho tiempo que no actualizo mi baile hahaha. ¡Sería feliz bailando flamenco todos los días!

Mi mejor consejo para todas las que tienen un sueño por cumplir es que se preparen. Debes aprender, mantenerte actualizada y nutrirte de otras personas. Renuévate, no te encierres  en lo que sabes. Abre tu mente, ese es el secreto para mantenerte activa en la que quieras que sea tu profesión.

Yo tuve la suerte de dedicarme a lo que más he amado y disfruté esos años hasta el cansancio. Le agradezco al baile lo que soy y donde estoy. Hoy le deseo un feliz día a todas las bailaoras de profesión y de corazón como yo. ¡Feliz día del flamenco!

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