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Es una decisión: nuestras palabras pueden construir y destruir

Una de las cosas que más daño hacen es hablar sin saber, sin realmente conocer. Las críticas están a la orden del día, sobre todo en esta época de redes sociales. Muchos se sienten con el poder de decir cosas sin medir que, a veces, sus palabras causan un daño irreparable en el otro.

Todos los días leo sus comentarios en redes y a pesar de que siempre son mayores los positivos, a veces hay algunos que sé que vienen con la finalidad de herir. Sin embargo, en esos casos, no me hacen daño a mí, sino a ellos mismos.

Criticar es mirar a otro con malos ojos o para hacerle daño, aunque sea inconscientemente. Y llega un punto en el que se convierten en una bola de nieve. Con el tiempo se hacen más grande y también va tomando velocidad, se vuelve más agresiva y peligrosa.

No conocemos la realidad del otro

No sabemos de sus batallas, cuánto tiempo lleva lidiando con algún mal o si tal vez necesita ayuda. Es eso exactamente, ¿por qué no en vez de hablar, nos dedicamos a ayudar al otro o nos interesamos por sus problemas? ¿Cuántos malos tragos nos ahorraríamos si en vez de alardear con las palabras, fuéramos a la acción, pero con buena intención?

El  mal no está en el criticado, que como todos en este mundo, no es perfecto, sino en aquel que lo ha mirado mal, que se ha concentrado en su oscuridad en vez de ver su luz. ¡Todos tenemos algo bueno para dar!

El tiempo me ha demostrado que nuestras palabras tienen poder y que mientras más amor damos, más amor recibimos. Por eso, he decidido que mis palabras las utilizo sólo para edificar, sanar y motivar.

El secreto está en mantener la mente ocupada, el alma limpia y el corazón feliz. Cada uno de nosotros es distinto y tenemos el mismo derecho de decidir sobre nuestra vida.

El que se siente pleno lo exterioriza, lo demuestra y no se preocupa por ser inferior o superior a nadie. Sabe que la competencia es interna… aunque, en realidad, sabe que no existe una competencia, sino la oportunidad de ser mejor cada día.

Seamos promotores de cosas positivas, de alegría, de buenas noticias. Resaltemos lo mejor, ¡todos lo necesitamos!

«La lámpara del cuerpo es el ojo.

Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz.

Si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras»

Mateo  6, 22.

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