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Siempre es bueno detenerse un momento para agradecer

Hoy, una vez más, me voy a dirigir no sólo a mis amigas; también a los caballeros que siguen mi trabajo y siempre me leen, ya que me gustaría hacerles una petición en medio de esta situación a la que todavía no le vemos final.

¡Deténganse un momento para agradecer! Así como lo estoy haciendo yo…

¿A qué viene esta reflexión? Es lo que probablemente todos se están preguntando. Pues, les explico…

Ya les he comentado en artículos anteriores que estoy muy consciente de que la crisis que vivimos ahora mismo nos tiene a todos un poco alterados, desmotivados, e incluso, desesperados. Y es comprensible, porque no es fácil ver que el virus siga propagándose, que el número de fallecidos sea mayor que el de los recuperados, entre otras cosas.

Pero también veo con preocupación que, en lugar de agradecimientos, lo que predominan son las quejas. Y amigos, eso no debería ocurrir.

Hay personas que la están pasando muy mal, ¡sí! Y son aquellas que salían a la calle día a día a bregar, pues el tipo de trabajo que realizan no puede ejecutarse desde casa. A todas ellas debemos tenerlas en nuestras oraciones.

Sin embargo, hay otras que tienen la oportunidad de estar en casa, compartir en familia y seguir trabajando desde la comodidad del hogar y de sus bocas sólo salen quejas.

Ahora yo digo… Cuando estamos trabajando y somos esclavos de la rutina diaria, deseamos locamente un tiempito libre para hacer cosas que el mismo trabajo no nos permite, como las que ya mencioné. Ahora que tenemos la oportunidad de poner muchas cosas en orden, reflexionar, dedicarles más tiempo a los hijos, ¿nos quejamos?

¡Algo está mal! Y en eso deberíamos sentarnos a pensar.

La mejor forma de ayudar a los demás y ayudarnos a nosotros mismos, es manteniéndonos informados, haciendo lo que dicen las autoridades y, lo más importante, orando y AGRADECIENDO.

Agradecer a Dios que nos regaló un día más de vida. Agradecer que estamos en casa con nuestros seres queridos. Agradecer que tenemos la oportunidad de resguardarnos. Agradecer los alimentos que Dios nos da a diario. Pero sobre todo, aquellos que tenemos la oportunidad de seguir generando ingresos desde nuestro hogar (aun cuando debo seguir yendo al canal a trabajar), agradecer esa gran bendición.

Eso sí, nunca dejando de ponernos en los zapatos de los demás. Y buscando las formas de ayudar a nuestros semejantes de alguna manera.

Por ejemplo, al grupo de chicas con las que trabajo en Monat, siempre les digo: “Sigamos siendo proactivas; tenemos la bendición de trabajar desde nuestro hogar; sonriamos por eso…”

Y aunque esto es un trabajo extra para mí, me llena mucho de satisfacción el hecho de verlas felices y plenas, trabajando desde sus hogares con una tabla o un teléfono y en compañía de sus hijos.

¡Doy gracias a Dios por eso! Y por muchas cosas más.

Reflexionemos en lo afortunados que somos muchos de nosotros. Mantegamos la calma y la paz. Estemos tranquilos y confiemos en Dios. Él está con todos nosotros. Estoy segura de que vamos a salir de esto y de que todo va a estar bien.

¡En su nombre lo declaro!

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