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Para mi papi y mi esposo en este Día de los Padres

¡Hola, mi gente! Creo que todos ustedes, quienes me han seguido desde los inicios de mi carrera, y si no, al menos desde hace un buen tiempo, conocen gran parte de mi vida y de mi historia.

Ya les he contado mis orígenes y un sinfín de cosas que probablemente, en otras circunstancias o teniendo otras perspectivas, hubiese callado.

Pero yo decidí que fuera diferente porque me gusta compartir mi vida con ustedes, interactuar y saber qué piensan, sin importar ser el blanco, en muchas ocasiones, de críticas y prejuicios.

Hoy, Día de los Padres, quiero obviamente hacer un post especial dedicado a mi papi y a mi esposo Carlos, dos de los seres que más amo en esta vida.

Y por supuesto, quiero empezar hablando de mi padre, ese señor que, como muchos de ustedes saben, yo llamo “mi primer amor”.

Mi papi para mí es el hombre de mi vida. Puedo asegurar que, gracias a él, a mi mamá, a mi abuela y a muchos de mis familiares, tuve una infancia tranquila y feliz.

Sin embargo, creo que hay una partecita que algunos de ustedes no saben, a pesar de que ya he hablado al respecto en público.

Mi papá se divorció de mi mamá cuando yo tenía tres años. Pero eso no fue lo traumático para mí, porque ellos, gracias a Dios, siempre han tenido una relación muy bonita.

Lo que en verdad a mí me marcó fue la partida de mi papi de Cuba hacia los Estados Unidos (teniendo yo apenas seis añitos de edad).

Y obvio, estando yo tan chiquitita, no entendía absolutamente nada. Pero como ustedes saben, la situación de Cuba obligó a muchas personas a salir de la isla, separando así a centenares de familias.

Me pegó mucho el hecho de haber crecido sin la figura paterna en mi hogar. Y eso, a la larga, hizo que yo fuera buscando en mis relaciones amorosas la presencia de mi padre, es decir, esa compañía física que por tantos años me faltó, porque sólo lo tenía conmigo a través de un teléfono.

Esas relaciones amorosas a las que me refiero, fallaron; por ende, yo fui alimentándome de miedos y de muchas dudas. Y quizás ustedes dirán “¿y esto a qué viene al caso?”. Se los explico para comprendan un poco todo lo que iré mencionando más adelante.

Nada fue culpa de mi padre, y eso con el tiempo lo comprendí.

Un buen día, Carlos (al verme llena de tantos temores y traumas como resultados de esas relaciones) me encerró en el baño y me dijo, entre otras cosas, que tenía que perdonar a mi padre. Que yo no me había dado cuenta, pero que no lo había perdonado ni a él ni a esas personas que un día dije haber perdonado.

Eso me hizo reflexionar, y posteriormente lo llamé por teléfono para conversar.

Y créanme, amigos. Si antes tenía una buena relación con mi papi, pues ahora es mucho mejor y más bella.

Es un hombre familiar, divertido, y muy amoroso. En eso se parece a mucho mí, ¡jajajaja! Le encanta estar rodeado de toda su gente, y yo no puedo estar más agradecida con Dios por haberme puesto a ese maravilloso hombre como padre.

Carlos, por su parte, también es un hombre súper importante en mi vida; todos ustedes lo saben. Y de igual modo agradezco a Dios porque haberlo puesto en mi camino para que volviera a creer en el amor y para sentirme realmente amada.

¿Quién iba a pensar que una solicitud a través del Facebook (prácticamente obligada por su madre, ¡jajajaja!) iba a terminar en esto que él y yo somos ahora?

Pero era lo que Dios tenía destinado para mí. Y en muchas ocasiones casi lo dejé ir, pero no se imaginan cuántas señales recibí indicándome que él era el escogido.

Él también quería una mujer que adorara a Dios, ya lo hemos contado varias veces. Y lo mejor que pudo pasar en esta vida fue que uniéramos las nuestras.

Carlos es un hombre que, a pesar de que antes ni siquiera hablaba, es muy sensible, amoroso, y sobre todo, excelente padre.

Un hombre trabajador e incansable. Y no niego que hemos tenido algunos inconvenientes, sobre todo al principio de nuestra unión, pero de eso se trata, de amarnos en las adversidades y en las buenas épocas, en la salud y en la enfermedad.

Su sueño era tener una casa y una familia, y el mío también.

Pero cuando hablamos de “casa”, no nos referimos específicamente a ese inmueble material que nos resguarda. Hablamos de un hogar lleno de calor humano, amor, comprensión y unión.

Su hija es como una hija para mí, igual mis hijos para él.

Y la verdad es que más bendecida no puedo estar.

Hemos sabido enfrentar muchos prejuicios, por aquello de la diferencia de edades, ustedes saben. Y hemos sabido salir hacia adelante. Sin dejar que nada nos afecte. Nos damos fuerza mutuamente.

Y estoy convencida de que para llegar a este punto, tuve que pasar muchas pruebas muy duras. Para llegar a Dios y al mismo Carlos, tuve que atravesar muchos baches. Y eso, hoy en día, lo agradezco, aunque en su momento, todas esas circunstancias duras de mi vida me hicieron pensar que era el fin.

Y los seres humanos tenemos esa particularidad; queremos pasar de un punto a otro de una forma fácil. Como quien dice, por el aire.

¡No! Todos tenemos que pasar por el desierto árido, y superar los obstáculos para saber, al final, de qué estamos hechos.

Pero siempre, afianzando nuestra Fe en Dios.

A mis dos hombres amados, ¡FELIZ Día de los Padres!

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