¡Hola, mi gente linda!

El tema del post de hoy es bastante difícil y complejo, porque vengo a hablarles del perdón.

Wow! ¡Imagínense! Cuando se habla de que debemos perdonar, no sabemos ni qué decir, ni cómo reaccionar, y mucho menos, ¿qué hacer? Porque, lastimosamente, perdonar es uno de los actos más difíciles al que debe enfrentarse un ser humano.

Y ahí está la interrogante… ¿por qué es tan difícil?

Perdonar se torna complicado porque muchas veces no somos conscientes de toda la rabia y la amargura que guardamos en nuestro corazón, de hecho, la falta de perdón es la causa de la mayor parte de los problemas en esta vida.

Cuando no perdonamos, es porque a veces no sabemos cómo hacerlo y también porque no nos hemos perdonado a nosotros mismos.

Y cuando perdonamos, lo hacemos por un acto de nuestra voluntad y no necesariamente siguiendo lo que nos dictan nuestros sentimientos.

¿Cuánto tiempo somos capaces de vivir con rabia o resentimiento por ignorar que son emociones poderosas que consumen nuestras energías?

Debemos comenzar a trabajar en eso, mi gente.

Por esa razón, debemos estar en sintonía con nuestros sentimientos, porque es la única manera de volvernos abiertos y libres, y ser nosotros mismos.

El perdón garantiza paz, nos libera del poder que las actividades de los demás poseen sobre nosotros y nos despierta para la bondad, el amor y una vida en armonía.

Perdonar no significa disculpar al otro

También es importante destacar que perdonar no significa volver a ser lo que se era antes de la ofensa, por ejemplo.

Igualmente, el perdón no exige que se renuncie a los propios derechos. No se puede confundir perdón con justicia, es decir, el perdón no dispensa recurrir a la justicia si es necesario.

Un ejemplo de ello son las mujeres maltratadas por sus esposos/novios/parejas, o casos de separaciones matrimoniales.

Aunque ellas puedan perdonar, también pueden recurrir a la justicia, sólo que hay que optar por la opción de no buscar venganza.

Y eso es lo más importante. No dar cabido a ninguna persona a que nos vuelva a hacer daño porque ya lo perdonamos, pero tampoco vivir en constante sed de venganza o con resentimientos que sólo nos destruyen el alma.

Perdonar es sabio, y un acto muy maduro de nuestra parte.

Perdonen y olviden, pero no se dejen atropellar de nuevo.

Y si ven que perdonar se les hace cuesta arriba porque están cargados de dolor, ya saben lo que tienen que hacer… ¡Buscar respuestas en Dios!

Procuren su guía, y verán cómo saldrán airosos de todo sentimiento de rencor.

¡Bendiciones para todos!

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