¡Mi gente!

Como todos ustedes saben, durante los últimos años se ha incrementado en gran forma ese afán por cuidar mucho más nuestros cuerpos, no sólo a través del ejercicio, sino también mediante una sana alimentación.

Rutinas de entrenamiento y planes nutricionales son los temas que abundan ahora mismo en redes sociales, en conversaciones cotidianas, en revistas, en la tele, entre otros.

Y eso está bien… ¡Muy bien!, diría yo.

Lo que debemos hacer es tener mucho cuidado con las dietas alimenticias que llevamos a cabo; y una que se ha puesto muy de moda, es el fasting, también conocido como «ayuno intermitente». Y hoy, les hablaré de esta práctica.

El fasting o ayuno intermitente es un plan nutricional que pretende restringir el número de calorías a través de ayunos de entre 12-16 horas seguidas; todo, con la finalidad de concentrar el consumo de alimentos en las próximas ocho horas (repartido en dos o tres comidas).

También se conoce como el Método LeanGains o la Dieta 16/8.

Algo de historia

Algunos asesores expertos en el área de nutrición dicen que lo que solemos hacer de manera natural es el «ayuno nocturno», porque permanecemos entre 10 y 12 horas sin ingerir alimentos.

Luego, ese mismo ayuno lo rompemos con el desayuno, valga la redundancia y, a partir de ese momento, ya comenzamos a gozar de sus beneficios.

Aparte, existen otras formas de fasting que llevan practicándose desde hace muchísimo tiempo, como el ramadán o la cuaresma, por ejemplo. Éstos, considerados parte de una limpieza espiritual, de acuerdo con sus practicantes.

¿Qué nos ocurre cuando ayunamos?

Nuestro cuerpo elige distintas vías metabólicas para obtener la energía en base al tiempo que llevamos en ayuno.

Hasta las seis horas, se denomina fase post-absortiva. El cuerpo almacena la energía consumida y la utiliza para sus necesidades inmediatas.

A partir de las seis horas, nuestro organismo comienza a utilizar la energía almacenada en el hígado.

Luego consumimos alimentos, y aparte, continuamos obteniendo energía por otros medios para que éste satisfaga sus necesidades.

Posibles «contras» del fasting

A pesar de los beneficios que puede llegar a proporcionar en nuestro organismo dietas alimenticias de este tipo, lo más recomendable es no comenzar a practicarlas sin al menos el asesoramiento previo de algún profesional.

No podemos realizar ayunos excesivos de varios días ni semiayunos prolongados de semanas o meses, mi gente. Y mucho menos si tenemos alguna enfermedad.

Tampoco es la práctica más idónea para niños, mujeres embarazadas, ancianos, ni personas que sufran alteraciones alimentarias.

Lo que yo puedo sugerirles es tener una relación sana con la alimentación y saber escuchar a su cuerpo; también debemos saber reconocer las señales de saciedad, el momento en el que debemos romper el ayuno, y, por último, disfrutar de las opciones más saludables.

Besos para todos, y ¡a cuidarse!

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