¡Hola, mis amores! ¿Cómo andan?

Una de las preguntas más frecuentes que nos hace la gente cuando nos escriben a mi esposo Carlos y a mí, es ¿cómo manejamos los celos?

Y creo que es un compromiso que ambos tenemos en lo que respecta a ayudar a otros matrimonios / parejas; no porque Carlos y yo seamos los perfectos, los mejores, o no tengamos problemas; al contrario, como hemos tenido muchas dificultades para alcanzar el verdadero amor, creemos que cada vez que abrimos nuestra boca y contamos nuestro testimonio, muchas vidas cambian, y lo mejor es que lo hemos comprobado.

De hecho, muchas personas se comunican con nosotros y nos dicen: «Wow! Escuché el testimonio de ustedes a través de YouTube, y definitivamente Dios nos ministró por medio de su caso».

Entonces sí, los celos es uno de los temas que más nos solicitan. Inclusive, no solamente por la vida de ellos, sino también por la vida nuestra.

«¿Cómo hacen para controlar los celos?», «¿Cómo hace Carlos para no ponerse celoso siendo tú una figura pública?», entre muchas otras preguntas, son las que abundan en nuestras redes.

Pero les contamos…

Por la parte de Carlos: él siempre dice que confía en mí, que está seguro de quién es la mujer que tiene a su lado, que respeta mi trabajo y que nunca pretenderá cambiar mi vida o mi forma de ser. ¡Cosa que le agradezco! Y sé que él piensa así porque simplemente es lo que ha vivido.

Peeero, por mi parte… ¡Jajajajaja!, les confieso que sí sentí celos. Y estoy segura de que, con lo que contaré, muchas de ustedes se van a identificar conmigo.

Yo traía inseguridades de mi pasado por las infidelidades que viví, y eso es algo que Carlos no ha vivido. Por eso su seguridad está intacta.

Entiendan que cuando sentimos celos, no tiene que ver para nada con lo que haga el otro… Tiene que ver con lo que nosotros llevamos por dentro, cómo está nuestro amor propio, y esto, definitivamente está relacionado con las experiencias que hemos vivido.

¿Qué pasa? Cuando alguien nos es infiel, algo en nosotros disminuye y comenzamos a creer que no valemos la pena. Luego desde allí comenzamos a vivir. Por eso pensamos que cuando se nos acerca alguien, nos va a hacer daño, nos va a ser infiel, empezamos a dudar de todo y de todos.

Después vienen los problemas. Queremos chequear el teléfono de la otra persona, empezamos a pensar que «la otra» es más bonita que nosotras, porque de paso, nuestra autoestoma está dañada. ¿Están viendo la magnitud de todo este asunto?

Por eso, para comenzar a superar este tipo de inconvenientes, debemos primero ocuparnos de nosotras (en el caso de las mujeres). Y en el caso de los hombres también, porque muchos hombres, de igual manera, han sufrido infidelidades.

Yo empecé a controlar este problema (considerado incluso una enfermedad) de la mano de Dios. Y recuerdo que siempre le decía a Carlos: «No tiene que ver contigo. Es conmigo. Discúlpame. Tú no estás haciendo nada. Es algo que yo tengo que seguir trabajando y Dios tiene que actuar a través de mí», entre otras cosas…

Y gracias a Dios, Carlos entendía. Aunque al principio fue muy difícil para él.

Otra cosa. No quiero sonar dura, pero si has vivido infidelidades, este conflicto muy difícilmente va a terminar. Puede mejorar, sí. Pero recuerden que es una marca, una huella que nos queda. El resto está en nosotros, y trabajar para ser y estar plenos.

Y lo más importante, ¡no le eches la culpa al otro!

Cuando Carlos está en el trabajo, me manda textos, videos, me llama por Facetime, y a veces hasta le digo: «Mi amor, tranquilo. ¡No tienes que hacerlo!», ¡jajajaja! Pero igual lo hace.

Para concluir, si te ha pasado como a mí, si has sufrido infidelidad, ¡no te preocupes! Pon todo en manos de Dios. Él trabajará en ti como lo ha hecho conmigo, y de esa manera, sabrás y entenderás cuán amada eres y cuánto vales.

Antes de señalar al otro, evalúate tú misma y piensa: ¿Qué puede hacer?

¡Confía!

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