¡Familia! ¿Cómo están todos?

Recientemente colgué en mis redes sociales una foto con mi esposo Carlos (bueno, siempre lo hago, ¡jajaja!), pero en esta decía que quién diría que después de los 40 iba a encontrar el verdadero amor en mi vida.

Lo que menos me imaginé es que encontraría muchas reacciones de mujeres que se sintieron identificadas. Incluso, me decían: “Wow, Rashel! Entonces, ¿aún tengo esperanza?”; “quizás el amor de mi vida llegue pronto”; “¡Ay! Pero es que yo no creo en eso…”

Y yo leía todos esos comentarios y recordé inmediatamente el momento en el que estuve en esa situación y pensando de esa manera.

¡Imagínense! Después de dos divorcios, ¿cómo creen ustedes que quedé? ¡Pues, sí! De la misma manera que las personas que estaban comentando mi publicación.

Yo pensaba que ya el amor no era para mí; de hecho, desarrollé un sistema de defensa con el que me repetía todos los días: “¡No importa, Rashel! El amor no es para ti, pero mírate… Tienes un buen trabajo, salud, una linda familia, hijos maravillosos, una buena relación con tus ex y sus esposas… ¿Qué más puedes pedir? ¡No te preocupes! Aunque el amor no te tocó, tienes otras bendiciones. ¡Sigue viviendo! ¡Sigue sonriendo!”.

Y en esa idea me metí, me abracé y me quedé.

Sin embargo, cuando conocí a Cristo, aprendí y me di cuenta de que todos podemos/merecemos ser amados, y de la forma correcta y bonita.

¡El amor no te hace sufrir!

Claro, no es que no haya problemas… Pero el amor no es doloroso, no te hiere.

Entonces el Señor comenzó a trabajar en mí.

Yo tenía heridas que curar, personas a quien perdonar, y a medida que Él fue trabajando en mí, en mi interior, en lo que yo sentía, en mis hábitos, mis reacciones, mis sentimientos y mis emociones, mi corazón se empezó a abrir nuevamente.

Y se abrió a algo a lo que no estaba acostumbrada.

Por ejemplo, cuando mi esposo llegó a mi vida, un hombre que, como todos saben, es 9 años menor que yo, una relación con él era algo “incorrecto”, según la mentalidad que la sociedad me había impuesto.

Ahí también el enemigo comienza a trabajar: “Te va a ser infiel”; “es un hombre más joven; “¿Qué va a pasar cuando ya tengas cierta edad?”; etc. Y sabe que a través de esos juegos es que hace efecto en nosotros…

También sabe que ahí tenemos un vacío y una gran falta por todo lo que hemos vivido.

Entonces nosotros tenemos que confiar en Dios y en lo que nos está diciendo…

Si hoy crees que el amor no es para ti, que no te lo mereces y que no te va a llegar, te invito a que pongas todo ese peso en las manos de Dios.

¡Dios es el único! Y ojo, no es religión. Es relación con el que te creó, el que sabe tu propósito exacto en la vida.

Una vez yo solté todo eso y le pedí a Dios que me mostrara el camino, que yo iba a seguir todo lo que me Él planteara. ¡Y todo cambió! No de un día para otro, obvio. Pero cambió…

Inclusive, cuando conocí a mi esposo, yo todavía tenía muchas inseguridades por lo que había vivido anteriormente.

Sentía que no valía, que nadie se iba a enamorar de mí, que nadie iba a confiar en mí ni a aceptarme luego de dos divorcios, etc.

Sin embargo, el Señor se ocupó de crear en mí esa base sólida de mujer segura y valiosa… Y fui creciendo y aceptando el amor de Carlos…

Hoy en día, 7 años después, les digo que fue la mejor decisión… No sólo porque encontré al amor, sino por todo el trabajo de restauración que el Señor hizo en mí.

Confíen, mis niñas. Y verán como todo cambia para bien y para mejor…

¡Bendiciones a todas!

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