¿Qué tal, mi gente bella?

Hoy quiero hablarles de un tema que, no es que sea polémico; es que las personas hacen que sea polémico…

Y es acerca de mi experiencia dentro del mundo artístico por ser cristiana.

La verdad, más que lamentar, tengo mucho que agradecer, pues si hay algo que siempre ha prevalecido, ha sido el respeto.

En mi caso, por ejemplo, no he tenido malas experiencias, afortunadamente.

Desde que acepté a Cristo en mi vida, fui inmediatamente a donde mis jefes y les dejé saber; ellos respetaron mi decisión y siempre actuaron desde ese respeto que les menciono. Igual ocurrió con mis compañeros de trabajo. Siempre estuvieron y sé que siempre estarán presentes la tolerancia y la comprensión.

Jamás he dejado de dar mis opiniones y nunca he callado mi amor por Jesús, aun cuando estamos más expuestos a las críticas y a que nos insulten, sobre todo ahora con las redes sociales. Pero… ¿Saben una cosa, mi gente? Eso es algo que yo presentía. Y lo que hago es orar por esas personas, porque comprendo que lo que dicen o expresan tiene que ver con lo que ellos llevan en su corazón y no con mi amor por Dios o con alguna de mis acciones.

Y a esas mismas personas las invito a que sean un poco más tolerantes con su prójimo.

Si hay algo que no les parece o no les convence de alguien, pueden decirlo y expresarlo, pero siempre con respeto y desde el amor. No desde el ira y la rabia.

El mundo necesita amor y unión, no resentimientos ni odios.

¡Dios los bendiga, mi gente bella!

¡Los quiero!

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