¡Mis niñas lindas!

Sé que les he contado muchas veces acerca de esa parte de mi vida en la que estuve mucho tiempo sola y había perdido totalmente la Fe y la esperanza de volverme a enamorar o de encontrar el amor.

Incluso, también les he dicho que uno de mis bloqueos era: “Ya tengo dos divorcios”; otro: “Ya comprendí que el amor no es para mí”; y hasta: “Lo mejor es quedarme sola, pues ya no estoy en edad de…”

¡En fin! Eran tantos los traumas que arrastraba del pasado y tantas las trabas que yo misma me colocaba, que en realidad ya me había acostumbrado a la idea seguir mi camino y el rumbo de mi vida sola. Y todo esto, ¡hasta que llegó Carlos!, mi esposo… El hombre que Dios puso en mi vida para sanar mi corazón, para que volviera a creer y para cumplir un propósito.

Lo que quiero decirles con esto es que no pierdan las esperanzas de encontrar el amor. De hecho, lo que deben hacer es tener una conversación seria con Dios, ser honestas y poner todo en sus manos.

Pueden expresarse ante Él de esta manera:

¡Diosito! Te pido un hombre que me ame, me cuide, y me respete… Sé que tú tienes el plan perfecto para mí. Te pido que me guíes en el camino y que trabajes en mí para poder estar lista cuando llegue ese amor. No permitas que me conforme con menos de lo que me merezco…

Y es que hablar con Dios es simple, mis niñas… Nosotras somos las que complicamos las cosas, y no debería ser así.

Tenemos que hablar desde el corazón. Decirle lo que sentimos, lo que queremos y lo que anhelamos, y Él trabajará en ello.

¡Se los aseguro!

¡Tengan mucha Fe!

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