¿Qué tal, familia linda?

¿Alguna vez les había contado acerca de cuál es mi meta a largo plazo?

La verdad ¡no lo recuerdo! Y en caso de haberlo hecho, pues una repetición nunca cae mal, mi gente. ¡Jajaja!

Ya se los he dicho muchas veces. Todos los matrimonios / familias en el mundo, tienen problemas. O bueno, no digamos “problemas”. Mejor llamémoslo “momentos malos”.

¡Claro! En algunos hogares esos momentos se prolongan más que en otros. Pero como quiera que sea, de que hay cualquier clase de conflictos, ¡los hay!

Y quiero reiterar lo que siempre les digo…

Carlos y yo, como cualquier otro matrimonio, tenemos ciertos desacuerdos o puntos de vista distintos. Pero no por eso permitimos que esas “diferencias” disminuyan todo el amor que existe entre los dos. ¿Por qué? Porque nuestra conexión con Dios es auténtica, transparente, pura y verdadera, y en sus manos ponemos nuestras decisiones y la solución a posibles inconvenientes que puedan presentarse entre ambos.

¡Somos seres humanos! Y todos nos equivocamos, pero la clave del entendimiento está en consultarlo todo con Dios y dejar que Él actúe.

Por esa razón, mi meta a largo plazo es viajar con mi esposo a diferentes partes del mundo para seguir ayudando a muchos matrimonios y familias, a través de la Palabra de Dios, a recuperar todo lo que ellos consideren “perdido”.

Repito, no es que nos creemos el matrimonio perfecto. Simplemente Dios nos ha otorgado las herramientas y la capacidad necesarias para llevar su Palabra a todo el que la necesite y así puedan encontrar una solución a los problemas existentes en el seno de ese matrimonio / familia.

¡Sólo así se puede garantizar una unión irrompible!

¿Qué les parece, mi gente?

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