¡Familia bella!

¿Qué tal están?

El tema del cual les voy a hablar el día de hoy puede parecer un poco complejo y complicado al principio, pero verán que, a medida que vayan leyendo, más fácil y comprensible les resultará.

La Biblia nos explica de una manera muy clara cuál es la diferencia entre «ser perfectos» y «ser perfeccionados». Y la pregunta que seguramente te estás haciendo en este momento es: «¿A cuál grupo pertenezco?», o bien, «¿pertenezco a uno de esos grupos en realidad?».

Para responder la primera, es necesario aclarar que somos perfectos cuando hemos puesto en orden todo aquello que está en nuestra vida (pensamientos, acciones y cosas). Es decir, podemos llegar a ser perfectos gracias a nuestra conciencia, pues esta representa nuestro criterio acerca de lo bueno y lo malo.

No olvidemos que, junto a Cristo, vino el tiempo de reformar y de ponerlo todo en orden, porque Dios, es un Dios de orden.

Ahora, partiendo de ese punto, podemos continuar nuestro camino hacia la perfección a través de Jesús. Y es ahí cuando entonces comenzamos a ser perfeccionados, ya que cuando renunciamos a nuestros propias opiniones y planes, y decidimos ser obedientes a Dios y dejar que Él actúe en nosotros, nos convertimos en sus discípulos… Y su objetivo es que seamos discípulos perfectos.

Pero eso sí, trabajando en la perfección durante todo el camino.

“No que lo haya alcanzado ya, ni que sea perfecto; sino que prosigo…” (Filipenses 3:12).

Podemos ser perfectos y seguir trabajando en la perfección, mi gente linda.

¡Bendiciones a todos!

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