¡Familia!

Muchas veces pensamos que si hablamos demasiado con nuestros hijos, estamos invadiendo sus espacios o tumbando ciertas barreras que se imponen por ley cuando llegan a determinada edad y comienzan a independizarse en muchos aspectos…

Pero no tiene porqué ser así, mi gente. De hecho, tengan la edad que tengan, siempre es importante tener una buena comunicación con ellos.

Claro, esa comunicación es mucho más importante durante su infancia y adolescencia… Esas edades en las que más necesitan de nosotros, de nuestros consejos, de nuestra guía, de nuestros regaños, etc. Aunque igual cabe recordar algo que siempre he dicho, y que tengo como una filosofía de vida: No debemos ser amigos de nuestros hijos, porque los hijos, hijos son… ¡Así de simple, mi gente!

Sin embargo, eso no debe ser un impedimento para que exista una buena comunicación.

¿Y a qué me refiero con una “buena comunicación”? ¡Sencillo! Saber ganarnos su confianza para que puedan hablar de todo cuanto quieran y necesiten. De lo bueno, de lo malo, de lo correcto, de lo incorrecto, de temas que suelen ser tabú a estas alturas, etc.

De esa forma, jamás existirá una limitante entre ellos y nosotros, y siempre estarán abiertos y receptivos, pero también serán transparentes y honestos a la hora de expresarse.

No se trata de que aplaudamos todo lo que hagan, pero tampoco de reprender cada una de sus acciones.

Todo es cuestión de saberlos encaminar a través de una buena comunicación, pero siempre marcando la diferencia entre sus roles como hijos y nuestros roles como padres.

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