¡Hola, mi gente linda!

Luego de haber leído el título de este post, quizás se están preguntando en este momento: “¿Qué significa ser partícipes de la naturaleza divina?”. Y es justamente lo que quiero aclararles antes de entrar en materia.

Ser partícipes de la naturaleza divina es abrirnos y permitir que Dios actúe y obre en nosotros para luego hacer nuestras todas sus características divinas (justo a través de su obra).

Pero ante esto, quiero aclarar que el hecho de querer ser partícipes de esta naturaleza no significa que vamos a llegar a ser más grandes que Dios. Tampoco se trata de ponernos a su nivel, porque ¡sólo Dios es perfecto!

Lo que sí es cierto es que, como lo mencioné antes, hay una serie de características que, llevándolas a la práctica desde lo más profundo de nuestro corazón, pueden convertirnos en seres partícipes de ella, y estas son: bondad, mansedumbre, justicia, misericordia, piedad, longanimidad, paciencia, gozo, paz, dominio propio, fidelidad, benignidad, honestidad y amor.

Lo que sucede es que, precisamente por nuestra condición de seres humanos, ninguno de nosotros posee estas características sin que previamente hayan sido corrompidas. Y es allí donde podemos hallar la diferencia entre la naturaleza divina y la naturaleza humana, pues debes saber que la justicia y el amor humanos jamás serán iguales a la justicia y el amor divino.

Entonces, mi gente, a medida que vayamos siguiendo fielmente a Jesús por el camino de victoria y sabiduría, sobre nuestra naturaleza se volverá más divina que humana, pero sin dejar de ser seres humanos.

¡Bendiciones para todos!

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